CONSTELACIÓN DE SANTOS EMILIANENSES: SANTA POTAMIA

Aprovechando que celebramos en estos días a la mujer trabajadora, los Amigos de san Millán queremos rescatar del olvido y dar a conocer la vida y obra de dos mujeres de gran relevancia en el mundo emilianense. Se trata de santa Potamia y santa Aurea. Esta entrada está dedicada a santa Potamia, discipula y seguidora de san Millán en la comunidad de Suso (collegium).
Santa Potamia
Los santos de la Iglesia no suelen ir en solitario, sino en racimo. Así, por ejemplo, san Benito fue fundador, maestro y guía de otros muchos santos llamados de la orden o de la familia benedictina. Lo mismo se diga de san Agustín, san Francisco de Asís, santa Teresa de Jesús, san Juan de Ávila, santo Domingo de Guzmán, san Ignacio de Loyola, san Josemaría Escribá y tantos otros.
Así ocurre en el caso de san Millán de la Cogolla. En el grabado del Santo riojano de 1608 del artista alemán Matthaus Greuter, como fundamento y base del mismo, se ponen diez viñetas de gran mérito y alto valor representativo: son los diez santos que podíamos llamar de la escuela o constelación de santos emilianenses, la mejor y más gloriosa corona de nuestro santo patrono, muy olvidados hoy en día.
Origen y cronología
Se dice que dos ojos y fuentes importantes de la historia son la geografía y la cronología de los hechos. Es muy difícil fijar fechas y lugares de personajes tan antiguos y tan escasos de documentación.
Contrastando datos seguros, podemos calcular con bastante aproximación que santa Potamia nació por los años 550, mitad del siglo VI, y que murió por los años 597, fi nales del mismo siglo, viviendo por tanto aproximadamente 47 años. No hay documentación precisa.
Tampoco existe documentación segura sobre su origen familiar o lugar de nacimiento. Según las antiguas lecciones del Ofi cio monástico emilianense, santa Potamia era de origen francés, dama noble de la lejana Narbona. Sin embargo, el tomo primero de la conocida obra del Año cristiano del jesuita francés Juan Croisset (1656-1738), día 31 de enero, fi esta de la Santa, edición española de 1882, página 438, dice literalmente que santa Potamia, “a la que algunos sin fundamento hacen hija de un rey de Francia, fue de noble sangre española”.
El célebre escritor fray Mateo de Anguiano en su conocida Historia de la Rioja, editada en Madrid en 1701, recientemente reeditada, páginas 377 y 509, dice que, según el no menos célebre fray Prudencio de Sandoval (1551-1620), santa Potamia era natural de la ilustre y antigua localidad riojana de Tricio la Grande, hija del régulo (reyezuelo, gobernador, cortesano) llamado Terencio, de nobilísimo linaje.
Discípula e imitadora de san Millán
Siendo muy joven, Potamia conoció la vida admirable de san Millán en la comunidad de Suso (collegium) y fue una de sus primeras discípulas y seguidoras.
El Santo fundador y maestro alcanzó larga ancianidad con los achaques consiguientes. Las santas vírgenes de la comunidad, entre ellas la joven Potamia, la única que se nombra expresamente, cuidaban como a un padre al santo anciano, que llegó a los cien años de edad.
Cuando san Braulio (585-c.651) empezó a tomar notas para escribir la vida de san Millán (473-574), como buen historiador, buscó el testimonio de tres discípulos y una discípula, Potamia, que había conocido y tratado personalmente al santo maestro Millán.
Después de algunos retrasos, cuando san Braulio redactó definitivamente la vida de san Millán hacia el año 636, Potamia ya había fallecido. Por eso la cita con más libertad y le dedica estos elogios, que ya suenan a un reconocimiento de sus virtudes y de su santificación, según las normas reconocidas en aquella Iglesia primitiva. Dice así san Braulio: “Había intentado y estaba decidido a escribir la vida del bienaventurado Millán… conforme a la fiel noticia adquirida por la declaración de los testigos Citonato, abad venerable, Sofronio y Geroncio, presbíteros, y de Potamia, mujer religiosa de santa memoria –atque sanctae memoriae Potamiae religiosae feminae-“. (Dedicación e introducción de la obra sobre san Millán).
En un segundo testimonio, san Braulio insiste: “Agrégase el testimonio de la muy religiosa Potamia de santa memoria –beatae memoriae religiosissimae Potamiaeque con la nobleza de su vida realzó la nobleza de su linaje”. (Vida de san Millán, segunda introducción párrafo segundo).
Culto inmemorial
Según las lecturas del Oficio emilianense, santa Potamia, después de la muerte de su maestro, hacia el año 574, se retiró con otras compañeras religiosas, a una aldea de Berceo, llamada entonces Santurce o San Jorge, hace siglos desaparecida, con una pequeña iglesia dedicada a san Salvador. Allí se establecieron en comunidad religiosa. Como recuerdo lejano de aquellos remotos tiempos, queda todavía una sencilla ermita dedicada a santa Potamia, que ha sufrido diversas transformaciones a través de los siglos.
Dicha ermita está situada entre Berceo y San Millán, en la margen izquierda del río Cárdenas, haciendo honor al nombre de Potamia, que significa en griego proximidad al río. En este paraje delicioso vivió en retiro, oración y penitencia, según el ejemplo de su guía y maestro san Millán, en comunidad y caridad con otras santas mujeres. Allí murió hacia el año 597, de unos cincuenta años aproximados de edad. La Iglesia celebra su fi esta el 31 de enero de cada año. No confundir con otras santas del mismo nombre, cuyas festividades se celebran el 15 de abril y el 30 de julio.
Su cuerpo fue sepultado en dicha ermita. El abad fray Pedro de Medina, en vista del culto y milagros de santa Potamia, el 13 de agosto de 1573, trasladó sus reliquias de la ermita del monasterio al nuevo de Yuso, recientemente inaugurado entonces en su planta actual. Dichas reliquias fueron colocadas en una arqueta de plata, donde se guardan en la actualidad, y en tiempos se sacaban en procesión. Se celebraba su misa y oficio y algunos monjes iban a su ermita a cantar la misa y las vísperas. Todavía por los años sesenta del siglo XX, según testimonio de numerosos testigos vivos, las rogativas, bendición de campos y procesiones iban desde la iglesia de Yuso hasta la ermita de Santa Potamia, con gran fervor de los fieles.
Buscando datos sobre la antigüedad del culto a santa Potamia, leí y consideré un texto del eminente historiador y académico agustino recoleto fray Toribio Minguella. En su libro sobre la patria de san Millán, de 280 páginas, editado en Madrid en 1883, en la página 155, dice literalmente: “Tengo a la vista el rezo de santa Potamia, letra del siglo XIII; pues los monjes rezaban de esta Santa desde tiempo inmemorial”.
Gracias a la diligencia del actual prior del convento, fray Pedro Merino, presidente adjunto y consiliario de los Amigos de San Millán, podemos gozar hoy de este valioso documento.
Felipe Abad León
Amigo de San Millán

Nota sobre la foto:
“Rezo de Santa Potamia” del manuscrito del s.XIII de la bibloteca del monasterio de Yuso

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