Fray Toribio Minguella y su contribución a la cultura

Nace Toribio Minguella Arnedo el 16 de abril de 1836 en la villa riojana de Igea de Cornago, que así se denomina esta población en el siglo XIX. Toribio, penúltimo de los ocho hijos con que Dios bendice a los esposos Atilano y Margarita, cursa los primeros estudios en su pueblo natal, perfeccionándolos en el seminario de Tarazona (Zaragoza), de donde pasa al noviciado que la Orden de Agustinos Recoletos mantiene en el vecino pueblo de Monteagudo (Navarra). Aquí el 4 de abril de 1854 emite su profesión religiosa como fraile agustino recoleto. Toribio cuenta 18 años de edad. Cinco más tarde termina en Manila, capital del archipiélago filipino, la carrera sacerdotal iniciada en Monteagudo. Y en Manila es ordenado sacerdote el 19 de junio de 1859. 23 años apenas cumplidos tiene el ya padre Toribio Minguella de la Virgen de la Merced. Las provincias tagalas son escenario de sus primeros trabajos sacerdotales. Él, por su parte, se convierte en un perfecto conocedor del idioma tagalo. El año 1876, fray Toribio regresa a la Península. En Madrid desempeña su oficio de procurador general de la Provincia ante el Gobierno español (1876-1879). En el trienio 1879-1882 es rector del colegio de agustinos recoletos instalado en el recientemente rehabilitado monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, La Rioja. Aquí y en él comienza Minguella una obra restauradora que alcanza también al santuario serrano de la Virgen de Valvanera. Los cuidados de Minguella para con ambos monasterios se prolongan a lo largo de los doce años en los que el fraile reside de nuevo en la capital del reino, desempeñando las funciones propias de su oficio. En efecto, el año 1894 el fraile agustino recoleto Minguella es promovido a la silla episcopal de Puerto Rico. La consagración episcopal la recibe de manos del nuncio, monseñor Cretoni, el 5 de agosto de ese mismo año en el templo conventual del colegio agustino recoleto de Marcilla (Navarra). Tres años solamente está al frente de la Diócesis borinqueña, dado que, al ser preconizado obispo de Sigüenza, toma posesión de su nueva Diócesis el 13 de junio de 1898. Es el año 1917 cuando monseñor Minguella entrega la Diócesis seguntina a su sucesor, retirándose a Marcilla. Tres años más tarde, 13 de julio de 1920, el obispo dimisionario fallece en Cintruénigo (Navarra), recibiendo sus restos mortales cristiana sepultura en la iglesia del colegio de Monteagudo, donde comenzara 67 años antes su aventura recoleta aquel joven llegado de las vecinas tierras riojanas.

Filipinas: aportaciones lingüísticas

En Minguella dejaron huella los lugares por los que pasó y las circunstancias de las gentes con que tuvo que tratar y a las que atender, de modo que se encuentran eslabones literarios a lo largo de toda su vida, reflejo de sus inquietudes y mirada interior. Nos retrotraemos en el tiempo hasta el verano del año 1876, cuando desde Manila arriba a Madrid Toribio Minguella. Viene acompañado de un rico acervo de trabajos literarios, publicados unos, inéditos los más. La mayor parte son fruto de sus catequesis como orador sagrado. Nuestra atención, sin embargo, recae sobre los dos libros impresos que, con el intervalo de ocho años, aparecen publicados en Manila. El primero se titula Ensayo de gramática hispano-tagala, impreso en Manila el año 1878. El origen del mismo se encuentra en aquel Ensayo de gramática tagala que Minguella compusiera y del que se servía para enseñar la lengua tagala a jefes y oficiales del regimiento primero de infantería en Manila a raíz del motín de Cavite del año 1872. En la elaboración de su Ensayo impreso nuestro autor tiene en cuenta las gramáticas (Artes) compuestas por otros frailes misioneros. Sin embargo, no utiliza el método en ellas empleado porque su Ensayo «va dirigido a personas que por su profesión no necesitan conocer el latín». Tampoco cree acertado seguir el modelo patentado por Ollendorf y Ahn. No lo considera útil emplearlo en idiomas que no son análogos a los europeos. Minguella sintetiza así su método: «Comprended la estructura de un idioma y entonces ejercitad la memoria, que, apoyándose en el entendimiento, hará rápidos progresos». El año 1876 llega mientras Toribio desempeña su oficio de procurador de su Provincia religiosa en Madrid. Los negocios que ante el Gobierno debe tramitar no le permiten olvidarse de Filipinas. En medio de ellos tiene tiempo para hacer imprimir en la Tipo-litografía de Chofré y C. Escolta, 29. Manila, un libro de 164 páginas, titulado Método práctico para que los niños y niñas de las provincias tagalas aprendan a hablar castellano. Este sale de las prensas manilenses con el lema: «A la íntima y perfecta unión de Filipinas a España». Aparte de que esta publicación fuera considerada merecedora de los privilegios establecidos por el Decreto de 25 de septiembre de 1883, como reconoce y certifica el director general de administración civil de Filipinas, Diego Barrantes, y fuera impresa a cargo de dicha dirección general, es digno de consideración que los estudiosos de ASELE (Asociación para la enseñanza del español como lengua extranjera) reconocen al Método la «particularidad, dentro de las llamadas gramáticas misioneras, de no estar pensado para enseñar lenguas indígenas a los misioneros como la mayoría, sino, como acabamos de decir, para enseñar castellano, en este caso a filipinos». A la misma perspicaz investigadora pertenece la hipótesis siguiente: «Sospechamos se escribió [el Método] una vez que el padre agustino estaba de vuelta en La Rioja».

San Millán: aportaciones históricas

Efectivamente, Minguella se encuentra en San Millán ejerciendo su rectorado (1876-1879). Llega la fiesta del santo y el padre rector pronuncia desde el púlpito de la iglesia monacal del cenobio otrora benedictino el panegírico de san Millán. Sus palabras siembran en los oyentes inquietud y tristeza. Desconcertado el predicador ante el efecto indeseado de sus palabras promete a sus interlocutores estudiar detenidamente la autenticidad tanto de la patria de Millán como la de las reliquias que se veneran. El año 1883 aparece en Madrid el libro decisivo para la historia de los monasterios riojanos de Suso y Yuso: San Millán de la Cogolla. Estudios histórico-religiosos acerca de la patria, estado y vida de San Millán de la Cogolla. En él fray Toribio, tal y como reconocen los propios Bolandistas, rebate apodícticamente, apoyándose en la biografía escrita en el siglo séptimo por san Braulio, arzobispo de Zaragoza, la tesis de la existencia de un Millán nacido en Verdejo, Zaragoza, y sepultado en Torrelapaja, tesis defendida en los mismos días por el académico aragonés Vicente de la Fuente y recogida en el tomo L de la España Sagrada. Que Berceo, en La Rioja, es la cuna de San Millán, así como la autenticidad de las reliquias veneradas en Yuso, son asertos plenamente confirmadas por el libro de Minguella. Patria y reliquias son las que explican y justifican la milenaria devoción al Santo tanto en el Valle de San Millán como en España entera. Sobre ellas y para su custodia se construyen los dos monasterios, el mozárabe de Suso, donde inmediatamente se guardan los restos mortales del santo de los Distercios, y el de Yuso, en el que desde el siglo XI reposan esos mismos despojos santos, guardados y venerados por los monjes benedictinos primero y por los frailes agustinos recoletos después. Esas reliquias son las que inspiran la vida eremítica, cenobítica, monástica y conventual vividas ininterrumpidamente en esos mismos claustros, celdas y oratorios durante mil quinientos años. De no ser auténticas las reliquias del Santo ni la villa de Berceo en La Rioja su cuna verdadera, todo lo emilianense estaría sustentado en la gran superchería de la fábula y el engaño. Mérito del libro escrito por fray Toribio es haber reconstruido el universo emilianense sobre las sólidas bases de la historia patria y de la espiritualidad cristiana. Estos serán algunos de los motivos y argumentos por los que la UNESCO declara el 4 de diciembre de 1997 Patrimonio de la Humanidad a los dos monasterios riojanos, Suso y Yuso. Lo mismo afirma la Declaración de San Millán: «En el siglo X se levanta el edificio actual de Suso sobre las antiguas cuevas en que habría vivido Emiliano, en estilo mozárabe y románico». Sin san Millán esto hubiera sido imposible. El Santo de Berceo supo, con todo, buscarse un fiel escudero que defendiera la verdad: fray Toribio Minguella Arnedo. Por su libro recibe en diploma firmado por Cánovas de Castillo el nombramiento de Individuo en la clase de correspondiente de la Real Academia de la Historia. Fray Toribio lleva a cabo en el monasterio de San Millán una labor de custodia y rescate. Recupera el Becerro Galicano o Francesillo, descubre la Colección Diplomática, hoy conocida como Colección Minguella por haberse servido de ella para elaborar su libro. Esta colección contiene la copia de 751 escrituras pertenecientes al monasterio, que van desde el año 751 hasta el 1545. El Becerro Galicano, con letra bella y clara del siglo XII, copia las escrituras del Becerro Gótico, el Tumbo más valioso desaparecido en el siglo XIX, antes de la llegada de los agustinos recoletos. Especial cuidado reciben de las manos del rector los pergaminos, incunables y otros documentos importantes conservados tanto en la maltratada y expoliada biblioteca como en el archivo abacial.

Sigüenza: aportaciones históricas

La actividad de historiador Minguella encuentra continuidad en la Diócesis de Sigüenza (Guadalajara, España), adonde llega desde Puerto Rico en junio de 1898. Entre los años 1910-1912 publica los tres tomos de su Historia de la diócesis de Sigüenza y de sus obispos. Por esta obra la Real Academia de la Historia le distingue con el Premio al talento, premio instituido por Fermín Caballero. Además, escribe el libro Santa Librada virgen y mártir, patrona de Sigüenza. Estudio histórico.

Biógrafo de San Ezequiel Moreno

Llegados a este punto no podemos menos que reconocer la brillantez de la tarea que como historiador Minguella lleva a cabo. A pesar de ello creo que la obra más importante para comunidad religiosa de agustinos recoletos es la biografía del padre Ezequiel Moreno. Esta biografía, independientemente del valor historiográfico que pueda tener, es fruto de un trabajo serio y concienzudo que el obispo Minguella toma sobre sus espaldas apoyado en la inestimable colaboración del fraile agustino recoleto Alberto Fernández, secretario de monseñor Ezequiel Moreno, obispo de Pasto, Colombia. Ambos son los que ponen en marcha el proceso que, finalmente, desembocará en la canonización de fray Ezequiel. Es el año 1909 cuando de la imprenta barcelonesa Luis Gili sale a la luz pública la Biografía del Ilmo. Sr. D. Fr. Ezequiel Moreno y Díaz. A esta publicación le ha precedido un año antes la de las cartas pastorales, circulares y otros escritos del ilustrísimo Moreno en un poderoso volumen de unas 600 páginas precedidas por el prólogo del ilustrísimo Minguella. Le seguirán un primer volumen de las Cartas del siervo de Dios el año 1914 prologado por fray Minguella, y un segundo en 1917 precedido de un prólogo sin firmar.

Historiador y panegirista de Valvanera

El colofón a su obra historiográfica lo pone el obispo dimisionario Minguella con un libro dedicado a Valvanera imagen y santuario. Estudio histórico. Madrid 1919. Con este libro, 118 páginas en 8º, su autor quiere hacer un trabajito de introducción a la versión española de la todavía inédita Historia latina de Valvanera del año 1419. Minguella desea verter la versión latina de Domingo de Castroviejo al castellano para llegar a la historia original romanzada de Gonzalo de Berceo. El obispo tiene la certeza de que, por una serie de circunstancias y razones, el maestro Gonzalo redacta una historia de Valvanera metrice in vulgari composita. O sea, en versos alejandrinos. La tesis de monseñor es recibida con alegría por los enfervorizados restauradores del monasterio valvaneriano, entre los cuales el obispo agustino recoleto ocupa un lugar preferente. Los círculos académicos lo hacen con simpatía y respeto. Pero el original en la lengua que habla mi vecino, no se encuentra por ningún lado. Un sueño desvanecido que, sin embargo, revela la elevada inteligencia y el corazón generoso de un riojano de pro.

 José Manuel Bengoa Prado. OAR

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